Tras el reinicio de la franquicia en 2019, las campañas de Call of Duty siguen lejos del nivel de las entregas que cimentaron su leyenda. En Call of Duty: Modern Warfare 4 (2026), una invasión a gran escala de Corea del Norte plantea una premisa con enorme potencial, pero los constantes saltos entre escenarios y la desconexión entre misiones terminan fragmentando el conflicto, convirtiendo lo que podría haber sido una campaña memorable en una sucesión de situaciones bélicas sin una dirección narrativa definida.

CAMPAÑA IRREGULAR Y MISIONES
QUE DESAPROVECHAN SU POTENCIAL
El diseño de misiones sufre de una irregularidad flagrante a lo largo de sus cerca de 8 horas de duración: por momentos el jugador se cruza con secciones sumamente inspiradas, para al minuto siguiente tropezar con secuencias completamente lineales y carentes de gracia. Se percibe con demasiada claridad que la campaña es utilizada como un pretexto sin alma para lucir el mapa del multijugador y exhibir mecánicas puntuales, funcionando mucho más como una demo técnica encubierta que como una historia dotada de un propósito real.
Para entender mejor el problema, basta con mirar a Splatoon. Sus campañas también funcionan como espacios donde Nintendo experimenta con las mecánicas de la saga, pero cada nivel encuentra formas creativas de reinterpretar esas herramientas y plantear situaciones diferentes. En Modern Warfare 4, en cambio, muchas misiones parecen conformarse con mostrar una mecánica o un escenario sin desarrollar demasiado las posibilidades que ofrecen. La diferencia no está en que una campaña sea más ambiciosa que la otra, sino en la creatividad con la que aprovechan sus propias limitaciones.

En lo que respecta al reparto, Park funciona como punto de entrada a la campaña, pero nunca llega a desarrollar una personalidad lo suficientemente marcada como para sostener el peso dramático del conflicto. Esa función termina recayendo sobre John Price, que se convierte en el verdadero eje de la historia. El problema es que su participación jugable es demasiado limitada y, cuando recuperamos el control sobre él, algunas de sus decisiones no terminan de encajar con el personaje que la propia saga construyó.
Por otra parte, el intento de incorporar misiones semiabiertas fracasa porque la libertad que propone el diseño no se traduce en decisiones interesantes. Sobre el papel, explorar el mapa para encontrar suministros y mejorar el equipamiento debería incentivar la planificación. En la práctica, el ciclo termina reducido a volver al búnker, gastar los recursos obtenidos, viajar rápidamente hasta el siguiente objetivo y repetir. La exploración se convierte en un trámite entre enfrentamientos, en lugar de ser una parte significativa de la aventura. El resultado recuerda a una versión deslucida de Metro Exodus, mezclada con una integración de elementos de DMZ que no termina de encontrar su razón de ser dentro de la campaña.

DMZ COMO PRINCIPAL ATRACTIVO DEL MULTIJUGADOR
Dejando atrás los tropiezos de la campaña, la verdadera apuesta del multijugador está en DMZ, un modo de extracción en el que los jugadores se adentran en territorio hostil para cumplir objetivos, conseguir recursos y escapar con el botín antes de perderlo todo. Tras su primera iteración en Modern Warfare II (2022), esta nueva entrega retoma aquella base y la desarrolla mediante un árbol de habilidades y una impresora 3D que permite fabricar equipamiento táctico durante las incursiones. Estas incorporaciones no reinventan el género de extracción, pero sí refuerzan su principal atractivo: la posibilidad de preparar una incursión, adaptar el equipamiento y afrontar desafíos de progresión cada vez más ambiciosos. Es ahí donde el modo encuentra su mayor virtud, en un ciclo de preparación, riesgo y recompensa que invita a seguir jugando incluso cuando la novedad inicial ya desapareció.

En contraste, el multijugador competitivo también incorpora novedades para revitalizar el flujo de las partidas. Entre ellas destaca Kill Block, un modo que enfrenta a los jugadores en espacios cerrados, donde el control del terreno resulta fundamental para imponerse. La victoria se consigue al eliminar a diez enemigos o capturar la zona de la bandera, lo que combina el enfrentamiento directo con la disputa por objetivos. Sin embargo, su principal limitación es la falta de originalidad: funciona como una reinterpretación de fórmulas ya conocidas, más que como una propuesta capaz de distinguirse por sí misma dentro de la franquicia. Es una adición bienvenida, aunque difícilmente se convierta en el principal argumento para volver al juego.
En el apartado sonoro, destacan especialmente los efectos de sonido. En los campos de batalla a gran escala, la mezcla de audio está impecablemente diseñada: el eco de los disparos, el estruendo de la artillería y el murmullo del entorno te sumergen de inmediato en el caos de la guerra. Es uno de los aspectos que mejor consigue transmitir la intensidad de los enfrentamientos, incluso cuando el diseño de las misiones no está a la altura.
Visualmente, Modern Warfare 4 cumple con las expectativas de una producción de gran presupuesto. El apartado gráfico resulta sólido, aunque la dirección artística no consigue dejar una huella especialmente memorable. Es un trabajo competente que acompaña la experiencia sin convertirse en uno de sus grandes argumentos.

¿DÓNDE SE UBICA CALL OF DUTY: MODERN WARFARE 4 DENTRO DEL GÉNERO?
Más allá del peso histórico de la franquicia, comparar Call of Duty: Modern Warfare 4 con otros shooters de este año ayuda a entender sus limitaciones. En mi escala de valoración, queda por debajo de Gears of War E-Day (90 puntos), cuya campaña representa un referente al que esta entrega de Call of Duty ni siquiera se acerca en ambición y solidez narrativa. Por otro lado, aunque comparte ciertos elementos de progresión y recolección con Splatoon Raiders (85 puntos), la repetitividad de su fórmula termina restándole profundidad a la experiencia. Mientras tanto, Halo: Campaign Evolved (86 puntos) carga con el desafío de recuperar una obra fundamental del género, el clásico de 2001, y demuestra la importancia de que una campaña tenga una identidad capaz de trascender sus mecánicas. Con 84 puntos, Modern Warfare 4 encuentra en DMZ un motivo convincente para seguir jugando, aunque no logra que ese acierto compense las oportunidades perdidas de su campaña.
¿Para quién es este juego? Para quienes disfrutan del multijugador competitivo y, especialmente, para los aficionados a los extraction shooters que quieran invertir horas en la progresión de DMZ. En cambio, quienes busquen una campaña cinematográfica memorable, misiones creativas y una exploración que recompense la curiosidad encontrarán una propuesta por debajo de las posibilidades de la franquicia.
En definitiva, Modern Warfare 4 es una entrega que encuentra su mayor fortaleza en los sistemas que invitan a seguir jugando, pero cuya campaña no consigue estar a la misma altura. DMZ termina siendo el argumento más convincente para volver, aunque también evidencia lo que le falta al conjunto para convertirse en una experiencia verdaderamente memorable.
Tiempo de juego: 12 h

24 años, argentino viviendo en España. Ex Head Coach profesional de Valorant, fanático de los jueguitos de toda la vida y amateur en esto de escribir reviews.
