Assassins Creed Black Flag Resynced: La versión original que siempre imaginamos

Ubisoft demuestra que un remake puede ir mucho más allá de lo visual cuando entiende qué convirtió su juego en un clásico.

Si hay un juego dentro de toda la franquicia Assassin’s Creed al que siempre vuelvo con una sonrisa, ese es Black Flag.
Durante muchos años me resultó dificil decidir si mi favorito indiscutible era Assassin’s Creed II o la aventura protagonizada por Edward Kenway pero, si bien la trilogía de Ezio marcó un antes y un después en la saga, Black Flag hizo algo que hasta ese momento ningún otro título había conseguido conmigo: hacerme sentir realmente un pirata.
Navegar durante horas por un inmenso océano, cruzarme con figuras históricas que alimentaron mi fascinación por esa época y perderme explorando islas sin importar demasiado cuál era la siguiente misión principal fue una experiencia que quedó grabada en mi memoria desde el día uno. Sin embargo, siempre sentí que había espacio para algo más. Menos Animus. Más piratas. Más oportunidades para vivir ese mundo que Ubisoft había construido con tanto cariño.
Por eso, cuando el estudio confirmó que Assassin’s Creed Black Flag Resynced eliminaría por completo las secciones del presente y aprovecharía la oportunidad para reimaginar muchos de los aspectos más débiles del original, no pude evitar pensar que quizá estaba frente a la versión de Black Flag que imaginé durante más de una década.
Después de haberlo jugado, puedo decir que fueron contadas las veces en las que un remake logró cumplir tan bien con esta expectativa en específico.
UN REMAKE QUE ENTIENDE POR QUÉ EL ORIGINAL FUNCIONÓ
Lo primero que sorprende de Black Flag Resynced es que nunca da la sensación de haber sido desarrollado únicamente para justificar una actualización gráfica. Sí, el apartado visual es, probablemente, uno de los mejores que vi en muchísimo tiempo, pero lo realmente importante es que Ubisoft entendió que el atractivo del Black Flag original nunca estuvo solamente en cómo se veía, sino en cómo hacía sentir al jugador mientras recorría el Caribe.
La diferencia está en los detalles, las ciudades rebosan de vida sin sacrificar rendimiento. Cada puerto transmite la personalidad de la época con una naturalidad que ayuda constantemente a entrar en personaje. La vegetación es muchísimo más densa y creíble que en el juego original (el hardware ya no parece ser un impedimento), pero donde realmente encontré el mayor salto fue navegando en mar abierto.
La primera tormenta que atravesamos junto a la tripulación, funciona como una declaración de intenciones. Ver cómo las olas golpean el casco del Jackdaw, esquivar rayos mientras el viento cambia constantemente la dirección del barco, observar tifones formándose a la distancia y sentir cómo el clima modifica la navegación hace que el océano deje de ser simplemente un escenario para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la aventura.
Lo mejor de todo es que semejante salto técnico llega acompañado de un trabajo de optimización excelente. Incluso en las ciudades más pobladas (como Gran Inagua o Havana), el juego mantiene un estándar visual altísimo sin comprometer la fluidez, algo que termina potenciando todavía más la inmersión.
Si algo demuestra Resynced, es que Ubisoft entendió perfectamente dónde estaban las oportunidades de mejora del original. No intentó reemplazar Black Flag, intentó potenciar todo aquello que ya funcionaba y llenar los huecos que faltaban.
EDWARD KENWAY BRILLA MÁS QUE NUNCA
Uno de los mayores aciertos de esta nueva versión está en la forma en la que expande su narrativa. La historia principal mantiene intacta la esencia que convirtió a Edward Kenway en uno de los protagonistas más queridos de la franquicia, pero ahora dedica mucho más tiempo a desarrollar los personajes que lo rodean y profundizar en sus motivaciones.
No son agregados que existen únicamente para justificar contenido nuevo, sino que son pequeñas expansiones que ayudan a entender mejor cada relación importante dentro de la historia y que terminan haciendo que el viaje completo resulte todavía más disfrutable para quienes ya conocíamos el material original.
Curiosamente, eliminar las secciones del presente también termina beneficiando muchísimo el ritmo narrativo. Nunca fui particularmente fanático de que la historia abandonara constantemente la vida de Edward para volver al Animus, y sentía que esas interrupciones rompían parte de la fantasía que Black Flag construía con tanto esfuerzo.
Resynced toma una decisión mucho mas simple: nos deja ser piratas de punta a punta. Ahora cada misión, cada viaje entre islas y cada nuevo encuentro con personajes históricos forman parte de una experiencia mucho más cohesiva que nunca pierde de vista cuál es su verdadera identidad.
NAVEGAR NUNCA HABIA SIDO TAN DIVERTIDO
Si hay un aspecto donde Black Flag siempre logró diferenciarse del resto de la franquicia, fue en el combate naval. Incluso después de tantos años, sigue siendo una de las mejores representaciones de la vida pirata que vimos en un videojuego.
Lo interesante es que Resynced no intenta reinventarlo, sino expandirlo con nuevas herramientas que hacen que cada enfrentamiento resulte mucho más dinámico. Los controles de navegación transmiten una sensación mucho más natural que en el juego original y cada enfrentamiento ofrece más alternativas para adaptarse a cada combate (ya sea contra otras embarcaciones o contra fuertes).
Nuevos tipos de disparo, como el Heated Shot para potenciar los cañones laterales a corta distancia, Deadman’s Cohort para cambiar completamente el funcionamiento de los morteros y diagramar una trayectoria en el agua o Double Shot para convertir los cañones frontales en una opción ofensiva mucho más agresiva, hacen que el combate naval deje de apoyarse únicamente en la potencia de fuego y empiece a premiar también la creatividad del jugador.
Afortunadamente, Ubisoft entendió que destruir un barco nunca fue la única forma divertida de ganar un combate. Abordar un navío enemigo, enfrentar a su tripulación cuerpo a cuerpo y volver al Jackdaw con una enorme cantidad de recursos sigue siendo tan satisfactorio como hace más de una década.
De hecho, muchas veces terminé desviándome de la misión principal simplemente porque aparecía un convoy en el horizonte. Lo perseguía, iniciaba un combate naval, conquistaba algún fuerte cercano o terminaba desembarcando en una isla para buscar un tesoro escondido y descubrir algunos de sus secretos. Esa cadena de actividades se siente tan natural que, muchas veces, una simple misión secundaria termina convirtiéndose en casi una hora de exploración sin que uno siquiera lo planifique.
Creo que ahí está una de las mayores virtudes del juego, nunca sentí que estuviera haciendo contenido para completar un porcentaje. Lo hacía porque simplemente era divertido seguir siendo un pirata un rato más mientras disfrutaba de las ventajas de conseguir nuevos trajes, mejorar el Jackdaw y desbloquear un nivel mas del lore que rodea al Caribe.
UN ASSASSIN'S CREED QUE VUELVE A SENTIRSE COMO TAL
Las mejoras jugables no terminan en la navegación, el sigilo probablemente sea uno de los aspectos que más se beneficia de la reinterpretación de este título.
Resynced moderniza algunas de sus mecánicas para que completar una misión sin ser detectado deje de sentirse como una limitación autoimpuesta y pase a convertirse en una alternativa completamente válida.
Una de las primeras misiones principales contra una plantación cercana a Nassau resume perfectamente este cambio, toda la operación puede completarse eliminando enemigos de forma silenciosa, utilizando distracciones, bombas de humo o incluso robando información sin entrar jamás en un combate abierto. No porque el juego obligue a hacerlo, sino porque finalmente ofrece las herramientas necesarias para que ese estilo de juego resulte igual de efectivo que lanzarse contra todos los soldados sin pensarlo dos veces. Y eso, representa muy bien lo que Assassin’s Creed siempre buscó transmitir.
Nunca fue una saga de sigilo táctico extremadamente complejo, la fantasía consistía en encarnar a un asesino capaz de desaparecer entre la multitud, preparar cuidadosamente cada movimiento y ejecutar a su objetivo antes de que el resto de la gente pudiera entender qué es lo que pasó. Resynced consigue acercarse mucho más a esa idea.
El parkour también acompaña esta evolución, se siente bastante más fluido y recuerda por momentos al trabajo realizado en Assassin’s Creed Unity, aunque todavía existen algunas situaciones donde una mala lectura del escenario o un pequeño error de precisión pueden romper el ritmo de una persecución o la inmersión con la que nos movemos por todo el mapa.
En general, no se alcanza el nivel de libertad de aquel título de 2014, pero el parkour representa una mejora evidente respecto al Black Flag original.
LO UNICO QUE TODAVÍA PODÍA DAR MÁS
Si tuviera la posibilidad de pasar seis meses trabajando junto al equipo de desarrollo para seguir mejorando Black Flag Resynced, no tocaría ni el combate ni la historia.
Invertiría absolutamente todos esos recursos en el contenido posterior a la campaña principal, el end-game.
Me hubiera encantado encontrar aún más desafíos capaces de mantener viva la exploración durante cientos de horas. Grandes misterios repartidos por el archipiélago, acertijos que obligaran a toda la comunidad a colaborar para descubrir el siguiente paso, armas legendarias, mejoras únicas para el Jackdaw, atuendos exclusivos o incluso algún evento canónico secreto protagonizado por otro de los grandes nombres de la historia de la piratería.
Siento que un mundo tan bien construido siempre merece un endgame que invite a seguir navegando incluso después de ver los créditos. Y justamente por eso también me cuesta entender la decisión de Ubisoft de incorporar microtransacciones y DLCs cosméticos desde el primer dia de lanzamiento.
No porque los objetos sean necesarios para disfrutar del juego, sino porque transmiten un mensaje equivocado. Después de un remake realizado con semejante nivel de cuidado y respeto por el material original, resulta una pena que parte de la conversación termine girando alrededor de contenidos que, si se adquirieran en su totalidad, superan incluso el precio del juego base.
Personalmente, hubiera preferido que todos esos cosméticos formaran parte de los desafíos del propio juego. Creo que habría sido una forma mucho más lógica de premiar a quienes decidan exprimir cada rincón del Caribe y, al mismo tiempo, evitar una polémica completamente innecesaria.
CONCLUSIÓN
Assassin’s Creed Black Flag Resynced consigue algo que muy pocos remakes logran. La magia de eso esta en que no intenta reemplazar el recuerdo que teníamos del original sino que lo entiende, lo respeta y trabaja sobre cada una de aquellas cosas que, durante años, imaginamos que podían ser todavía mejores.
Ojalá este sea el estándar que el estudio decida seguir de ahora en adelante. Si este mismo nivel de trabajo, cariño y comprensión del material original llega algún día a la trilogía de Ezio Auditore, creo que todos los fanáticos de la saga tenemos motivos para ilusionarnos.
Y, siendo completamente sincero, también es imposible no pensar en que me hubiera gustado ver si el remake de Prince of Persia: The Sands of Time hubiera recibido este mismo nivel de dedicación. Black Flag Resynced demuestra que Ubisoft todavía tiene equipos capaces de reinterpretar sus clásicos sin perder aquello que los convirtió en juegos inolvidables, y quizá esa sea la mejor noticia de todas.
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